16 de setembre 2010

Mamma mía (II)

En la entrada anterior hablé del torneo, pero realmente cuando vas a un torneo la parte ajedrecera ocupa unas cuatro horas diarias de partida más el tiempo que pases preparando, así que solamente es una fracción del día. Lo más interesante suele acontescer fuera de la sala de juego.

Al llegar a Lamezia Terme, que en la parte de Llegadas parece un aeropuerto de juguete modelo Ranón pero en la de Salidas flipas, nos recibió un señor mayor con un cartel que ponía “LLANEZA”, que en el viaje nos fue explicando que hablaba español porque había estado mucho tiempo en Argentina y en España y se había hecho colega de Santiago Carrillo y Paco de Lucía. El coche lo completaba un belga que también entendía español porque había vivido muchos años en Brasil. El señor conductor resultó ser el dueño del hotel de al lado del nuestro, presidente del club organizador y “el que te entrega el trofeo si ganas”, a lo que Marcos respondió “pues me lo vas a tener que entregar a mí” y muchas risas pero vaya cara puso el último día cuando se cumplió la profecía:-)

El evento se llamaba Cittá di Amantea, pero técnicamente la sede era Cámpora San Giovanni (ya os pongo yo el enlace a la Wikipedia). En la práctica nos alojábamos y jugábamos en La Principessa, un extraño híbrido entre Mondariz (=en mitad de la carretera), Oropesa (=hotel + apartamentos en plan ciudad de vacaciones) y… y no recuerdo haber estado en ningún complejo que incluyera iglesia. No una capilla pequeña que… no, no, una iglesia. Ah, y definitivamente no era un torneo español: comíamos lo mismo que el resto de clientes y había antipasto (que rebautizamos como “antiMarcos”), primero, segundo y postre, a la comida en plan buffet y a la cena servido por el amable personal que pronto hizo un tema “sabemos de sobra quiénes sois, sois los del ajedrez”. Por si pasábamos hambre, la organización nos obsequió con un tarro de atún en conserva y un librito de “cocine con atún” que a Marcos no le convenció.

Las condiciones de “tó pagao” fueron un detallazo porque el pueblo estaba a dos kms de carretera general italiana y dentro del hotel-village no había ni un super donde comprarse algo (cero en marketing!!!!!). Aparte de los dos GMs montenegrinos, solamente nosotros dos disfrutábamos de ese privilegio. Eso es lo que pasa cuando llegas a ese sitio y dices “Carmelo”, que eres VIP.

La clientela estaba formada por:

Señores trajeados y señoras vestidas de gala que acudían en cochazos a celebrar una boda cada sábado. Ya hemos hecho todos los chistes posibles sobre la mafia, así que llegáis tarde.

Familias con niños que misteriosamente al segundo día ya estaban negrísimos todos pese a que tampoco era pa tanto y si había solarium estaba escondido. Una de esas familias, por proximidad en el restaurante, se hizo medio colega / fan nuestra, y según la madre hablábamos muy bien italiano (sic). La mayor parte de nuestra estancia coincidimos con esta expedición.

Jubilados y jubiladas alegres en viaje de placer. Algunos jubilados intentaban claramente truñirse a jubiladas y algunas jubiladas sacaban a otras los cuartos jugando a las cartas, mientras todos y todas le daban al vinillo. Con estos coincidimos los dos últimos días.

En la recepción del hotel podías encontrar o a la tía que hablaba inglés con la tía que según ella sabía de todo, o al que sabía resetear el router con el tío que hablaba español. Vaya par de tandems… Consejo: si vais a esta zona llevad un 3G. Y cuidadín  que por esa zona los enchufes son rarunos.

Otro consejo: el italiano se parece mucho al castellano, lo suficiente como para que con un ligero esfuerzo entiendas más o menos lo que te dicen. La parte mala es que según ese razonamiento los italianos también podrían entender más o menos lo que dices, por lo que el rajódromo debe ser más sofisticado, a base de apodos completamente ininteligibles tipo Julandrini, Mangadini o Marginari. Otro detalle del italiano es que sospecho que los apellidos habitualmente significan algo (y algunos no quiero ni pensar qué pueden significar xD), o si no es mucha casualidad que nos preguntaran varias veces, aparte de cómo se pronunciaba “llaneza”, qué significaba en castellano.

En el viaje de vuelta tuvimos ocasión de conocer a fondo el auropuerto de Roma Fockachino tras quedarnos tirados por tener que esperar casi una hora por la maleta de Marcos. Una empleada de Alitalia que nos vaciló a la cara mientras hablaba por teléfono nos aseguró que esas cosas, en ese auropuerto, eran perfectamente normales oiga. De todas formas creo que voy a cambiar mi estrategia al sacar billetes de avión para pasar más noches en auropuertos porque vaya cantidad de frikis:-)

Esta entrada está patrocinada por Belle Air, la compañía que te lleva de Pristina a Lieja (sic).

1 comentari:

Catulo ha dit...

Efectivamente, en Italia entienden lo que dices. En cierta ocasión viajé a Roma y un exjugador del colón -no diremos nombres pero como pista diré que era calvo...- que me acompañaba comenzó a rajar en un concierto del cabezón que, en la fila de enfrente, obstaculizaba la solemne visión del escenario. Pues resultó que el cabezón de enfrente era de Sabadell y lo entendió todo. No hubo tortas porque empezaron con la música...